El pasado sábado 12 de abril, el distrito de Barranco fue el escenario de un evento fuera de lo común que unió a personas, cachorritos y mucha energía positiva. Organizado por la asociación Adopciones Perú, Puppy Yoga ofreció una experiencia donde el yoga, la conexión emocional y el amor por los animales se fusionaron para crear un momento verdaderamente transformador.
Desde las 11:00 a.m., los asistentes se reunieron en un espacio cálido y acogedor para compartir una clase de yoga acompañados de adorables perritos rescatados. Una iniciativa tan original como emotiva, que no solo promueve el bienestar físico y emocional, sino que además tiene un objetivo muy claro: recaudar fondos para los animalitos que viven en el refugio de la asociación, el cual acoge tanto perros como gatos rescatados del abandono.




UNA EXPERIENCIA DE CONEXIÓN
Durante la jornada, los participantes vivieron una experiencia única. Mariela Chávez, quien lideró la sesión, nos compartió su visión sobre lo que significa realmente Puppy Yoga: “El yoga te ayuda a conectar contigo mismo: física, mental y emocionalmente. Pero aquí, el propósito va más allá. Queremos que la gente viva una experiencia diferente, que se conecte con los cachorritos, que sienta esa energía pura que solo ellos pueden transmitir.”
Para ella, esta actividad es una forma hermosa de reencontrarse con lo esencial. “Vivimos tan apurados, tan desconectados. Y este tipo de espacios te devuelven al presente, te sacan de la rutina, de los problemas, y te invitan a sentir, a amar, a compartir sin miedo.”
También explicó que Puppy Yoga permite conocer de cerca a los posibles adoptantes. “Esta es una forma muy amorosa de presentar a los animalitos. Podemos ver cómo interactúan las personas con ellos y, a la vez, los participantes tienen la oportunidad de sentir el vínculo real que pueden llegar a tener con un futuro compañero de vida.”
Además, hizo hincapié en el trasfondo solidario del evento: “Todo lo recaudado va directamente al refugio. Mi aporte y del lugar que nos acoge es de manera voluntaria. Este es un trabajo en conjunto, hecho con mucho amor.”
SANAR DESDE EL ALMA, AYUDAR DESDE EL CORAZÓN
Uno de los mensajes más potentes que dejó la jornada fue el valor de reconectar con uno mismo a través del contacto con los animales. “Los perritos tienen una energía hermosa, están llenos de amor e inocencia. Solo quieren dar cariño, y eso es justamente lo que muchas veces necesitamos para sanar”, expresó Mariela con emoción.
Asimismo, también reflexionó sobre el impacto emocional del evento en los asistentes:
“Hay personas que, después de la clase, se quedan a conversar conmigo, a compartir lo que sienten. Porque eso también es el yoga: permitir que salgan las emociones. Aquí no se juzga a nadie. Aquí se abraza lo que somos, con nuestras luces y nuestras sombras.”
El evento también sirvió para cuestionar la forma en que hoy nos relacionamos como sociedad. “Vivimos en una época donde hay miles de formas de ‘conectarnos’, pero en realidad estamos más desconectados que nunca. Se ha normalizado el evitar sentir, como si mostrar el corazón fuera una debilidad. Y eso nos está alejando de lo que realmente importa”, añadió..
LOS ANIMALES: MAESTROS DEL AMOR PURO
Al cerrar la entrevista, Mariela dejó un mensaje poderoso sobre la importancia de adoptar y cuidar a los animales: “Los animalitos no están aquí por casualidad. Ellos son nuestros maestros. Nos enseñan paciencia, empatía, y sobre todo, un amor que no pide nada a cambio. Por eso hago esto, porque quiero que más personas sientan esa conexión. Y si con esta experiencia alguien decide adoptar, entonces todo habrá valido la pena.”
El yoga, según cuenta, fue una herramienta que encontró en un momento muy duro de su vida. “No fue la solución, pero sí una guía hermosa. Y por eso hoy lo comparto. Porque cada persona da lo que lleva dentro. Si yo llevo paz, amor, luz… eso es lo que quiero transmitir a los demás.”




YOGA, COLITAS INQUIETAS Y CORAZONES ABIERTOS
Lo que parecía una simple clase de yoga terminó convirtiéndose en una experiencia emocionalmente poderosa para todos los que asistieron al Puppy Yoga en Barranco. La sala se llenó de esterillas, respiraciones profundas y, sobre todo, de pequeñas patitas juguetonas que se deslizaban entre los practicantes buscando caricias, miradas y atención. Pero más allá del encanto evidente, lo que sucedió allí fue una forma auténtica de reconexión.
Tais Rodrigo, gestora cultural de espacio 303, lugar donde se realizó el evento, recordó cómo nació la idea de unir el yoga con una causa como la de Adopciones Perú. “Había visto este tipo de eventos en redes y me parecían hermosos. Ya hacíamos yoga aquí y como conocía a Lizeth lo propusimos. No recuerdo si fue ella a mí o yo a ella, pero fue una muy buena fusión”.
La propuesta fue más allá de lo visualmente tierno. Lo que ocurrió fue una forma de colaboración real, una alianza silenciosa entre el bienestar humano y la necesidad de esos animalitos de ser vistos, acariciados y, con suerte, adoptados.
“Creo que muchas personas se inscribieron más por los perritos que por el yoga. Es una forma divertida y natural de ayudar, sin que lo sientas como una obligación”, comenta con una sonrisa. Y tiene razón. A veces, los gestos más sencillos, como estirarte junto a un cachorro, pueden ser profundamente significativos.
La energía del lugar cambió por completo. Lo que normalmente es una práctica introspectiva, casi silenciosa, se transformó en un espacio dinámico, lleno de risas espontáneas, juegos suaves y miradas llenas de ternura. “El yoga ya te relaja, pero cuando lo combinas con esta dinámica, se vuelve terapéutico. Ríes, te liberas, te llenas de dopamina. Sales con el alma mucho más liviana. Una forma hermosa de empezar el día, o incluso la semana”.
Y es que esa es la esencia del Puppy Yoga: no solo mover el cuerpo, sino permitir que el corazón se abra un poco más. Entre un estiramiento y otro, entre un cachorro dormido al lado del mat y una risa inesperada, se generan vínculos. A veces breves, a veces duraderos. Pero todos sinceros.
Puppy Yoga no fue solo una actividad distinta; fue un recordatorio poderoso de lo que sucede cuando bajamos la guardia, abrimos el corazón y nos permitimos sentir. En un mundo que muchas veces empuja al desapego, estos momentos de conexión genuina con seres tan puros como los animales nos devuelven a lo esencial: la ternura, la empatía y el amor sin condiciones.
En tiempos donde el ruido cotidiano nos aleja de lo esencial, iniciativas como esta nos recuerdan que sanar no siempre requiere grandes pasos. A veces, basta una respiración profunda… y un cachorro a tu lado.








