Hablar del perú es hablar de una historia construida a través de sus culturas, tradiciones, paisajes y costumbres. Pero también es hablar de aquellos animales que, durante generaciones, han formado parte de nuestra relación con el territorio.






Entre ellos se encuentran dos razas que representan una parte importante de nuestro legado canino: el pastor chiribaya y el viringo peruano. Diferentes en historia y características, ambas comparten un mismo desafío: lograr que más personas conozcan su existencia, comprendan su valor y se sumen a la preservación de su legado. En este propósito, las comunidades cumplen un papel fundamental, pues a través de encuentros y redes sociales acercan estas razas a nuevas familias, generan espacios de conocimiento y contribuyen a transformar las percepciones que aún existen alrededor de ellas.
UNA HISTORIA QUE PERDURA
El pastor chiribaya nos conecta con el pasado de la cultura Chiribaya, desarrollada en la costa sur del Perú, y nos recuerda que su historia va mucho más allá de sus características como raza: representa un legado cultural que busca mantenerse vivo en el presente. El creciente interés por conocerlo y preservarlo también ha llevado a muchas personas a descubrir algo inesperado: que ese perro que tienen en casa podría ser, en realidad, un pastor chiribaya.
Según explica Lucía Ruesta, coordinadora del Club Pastor Chiribaya, el interés por esta raza aumentó a partir de su reconocimiento como patrimonio cultural de la nación y de la normativa que lo protege. Este interés se refleja también en las consultas de personas que desean adoptar y en familias que recién descubren el origen de sus propios perros.
“A raíz del reconocimiento del pastor chiribaya como Patrimonio Cultural de la Nación y de la ley que lo protege, hemos notado un creciente interés por conocer esta raza. Cada vez más personas desean adoptar uno y muchas se alegran al descubrir que su propio perro pertenece a esta raza peruana”, comenta.

Las redes sociales se han convertido en un espacio clave para acercar al pastor chiribaya a más personas. A través de actividades, encuentros e historias de familias, la comunidad visibiliza la raza y promueve su valoración.
«Buscamos generar mayor visibilidad, motivar a nuevas personas a conocer la raza y fortalecer una comunidad alrededor de ella”, indica.
Sin embargo, el camino no está libre de desafíos. Uno de los principales problemas señalados por la comunidad es que aún existen personas e instituciones que no reconocen a esta raza como un perro peruano y continúan considerándola simplemente como un perro mestizo.
Ese desconocimiento demuestra que la preservación no depende únicamente de la existencia de la raza. También requiere información, difusión y educación ya que, para la comunidad, fortalecer su reconocimiento permitiría que más peruanos conozcan su historia y comprendan el valor que representa.
¿Cuáles son los principales retos que aún enfrenta el pastor chiribaya?
Uno de los principales retos es fortalecer su reconocimiento como raza canina peruana. Aún existe desconocimiento y personas que lo consideran un perro mestizo. Para la comunidad, es importante que conozcan, valoren y los adopten responsablemente.

UNA RAZA QUE DEJA HUELLA
Si existe una raza que forma parte del imaginario más reconocible de nuestro patrimonio canino, es el viringo peruano. Su historia está vinculada a las antiguas culturas que se desarrollaron en nuestro territorio y su característica ausencia de pelo lo convierte en uno de los perros más particulares del Perú.
Para el equipo administrativo de Team Viringo, el interés por la raza ha aumentado durante los últimos años. Cada vez más personas buscan conocerla, e incluso adoptarla. La comunidad también recibe más consultas a través de sus redessociales, las cuales son derivadas a rescatistas aliados para procurar procesos de adopción responsables.
Sin embargo, acercar el viringo a la sociedad implica ir más allá de sus características: la comunidad crea espacios de integración y convivencia donde las personas pueden conocerlos directamente y descubrir todo lo que hay detrás de su apariencia.
DERRIBAR PREJUICIOS TAMBIÉN ES PRESERVAR
Uno de los principales retos que enfrenta el viringo es el abandono. Desde el Team Viringo señalan que muchas personas juzgan a estos perros por su apariencia física y los relacionan erróneamente con comportamientos agresivos, ansiedad o dificultad para ser manejados.
A ello se suma otro problema: aún existe desconocimiento sobre su origen peruano e incluso hay quienes los confunden con perros de origen chino.
La tenencia responsable también requiere conocer sus necesidades específicas. El cuidado de la piel y una alimentación adecuada son algunos de los aspectos que deben considerarse para garantizar su bienestar.






Por eso, hablar de preservación no significa solo evitar que una raza desaparezca. También implica educar a las personas para que las comprendan y cuiden correctamente.
“El Team Viringo busca acercar la raza a la población y transformar la percepción que muchas personas tienen sobre ella. Para la comunidad, esto implica generar espacios seguros de integración y convivencia donde las familias puedan conocer y valorar al viringo como parte del patrimonio peruano”, señalan.
¿Cuáles son los retos que enfrenta la raza?
Uno de los principales problemas aún es el abandono. Muchas personas juzgan a esta raza por su apariencia y la confunden con perros agresivos o difíciles de manejar. Todavía existe mucho desconocimiento sobre su importancia como raza originaria del Perú e incluso suelen confundirlos con perros chinos. En cuanto a la tenencia responsable, es importante entender que, como cualquier otra raza, tienen necesidades específicas; por ejemplo, requieren cuidados especiales de la piel y una alimentación adecuada para mantener una buena calidad de vida.
DOS RAZAS, UNA IDENTIDAD
Aunque el pastor chiribaya y el viringo peruano tienen historias diferentes, las voces de sus comunidades muestran que existe un desafío común: hacer que el patrimonio canino peruano sea conocido más allá de quienes ya sienten interés por él.
Ambas comunidades coinciden en la importancia de la difusión. Pero sus propuestas también muestran que preservar una raza implica generar espacios para conocerla, convivir con ella y comprenderla.
En el caso del pastor chiribaya, las redes sociales se han convertido en una herramienta para mostrar historias y acercar a nuevas familias. Para el Team Viringo, además de la difusión digital, es necesario impulsar espacios culturales, educativos y de integración que permitan un contacto más directo con la raza.
La conservación, entonces, no ocurre únicamente en el ámbito de los especialistas. También sucede cuando una persona abandona un prejuicio o cuando una comunidad abre sus puertas para compartir aquello que conoce.
“Creemos que hace falta una mayor difusión en las redes sociales y en los medios de comunicación. Plataformas como Instagram, TikTok, Facebook, entre otras; pueden ayudar a que más personas conozcan la historia, características e importancia cultural de nuestras razas caninas”, indica Lucia, del Club pastor chiribaya.



Por su parte el equipo del Team Viringo nos comenta: “Hace falta una mayor difusión y un trabajo conjunto entre la sociedad e instituciones. Organizar más eventos culturales, educativos y de integración en alianza con municipalidades, Puntos de Cultura y otras organizaciones que puedan brindar espacios donde las personas conozcan de cerca a estas razas y comprendan su valor histórico y cultural.”
PRESERVAR NUESTRO LEGADO
El reconocimiento es importante, pero necesita estar acompañado de educación. La difusión puede despertar interés, pero ese interés debe convertirse en una convivencia responsable. Y el orgullo por una raza peruana debe ir acompañado de acciones concretas para protegerla.
En ese proceso, las comunidades se convierten en espacios de encuentro. Son quienes ayudan a conectar a las familias, compartir información, organizar actividades y acercar a más personas a una historia que muchas veces permanece desconocida.
También existe un desafío generacional. Para que este patrimonio continúe siendo valorado, será necesario que niños y jóvenes conozcan estas razas y comprendan que su importancia no está solamente en su apariencia, sino en la historia que representan, quizá allí se encuentre una de las claves de la preservación: conocer para valorar, valorar para proteger.




“Nuestro mensaje es claro: Adopten, no compren. Estamos a favor de la esterilización responsable. Hay muchos Pastores Chiribaya esperando un hogar. No son perros «chuscos»; son parte del patrimonio cultural del Perú. Si tienes uno, cuídalo, ámalo y siéntete orgulloso de compartir tu vida con un compañero que representa una parte de la historia y la identidad de nuestro país”, comenta Lucia.
“Debemos reconocerlos como parte de nuestra identidad y de nuestro patrimonio. Protegerlos no significa solo evitar su desaparición, sino también educar a la población, fomentar una tenencia responsable y derribar los prejuicios que aún existen sobre su apariencia. Aún queda mucho trabajo por hacer. Mientras más personas conozcan la historia y las características de estas razas, mayor será el interés por cuidarlas y respetarlas.”, señala el Team Viringo.
UN PATRIMONIO QUE SIGUE VIVO
Durante fiestas patrias celebramos aquello que nos identifica como peruanos. Nuestra historia, nuestras culturas, nuestras tradiciones y todo aquello que ha formado parte de nuestro camino como país.
El pastor chiribaya y el viringo peruano también forman parte de esa historia. Uno nos conecta con el legado de la cultura chiribaya, el otro nos recuerda la permanencia de una raza que ha acompañado al territorio peruano desde tiempos antiguos.
Ambos nos muestran que el patrimonio no siempre está detrás de una vitrina, escrito en un libro o representado en un monumento. A veces tiene cuatro patas, camina junto a una familia y espera que alguien conozca su historia.
Por eso, preservar nuestras razas caninas también es una forma de mirar hacia nuestro pasado y preguntarnos qué queremos transmitir al futuro.
Porque celebrar al perú también significa conocer lo nuestro, valorarlo y hacer que continúe dejando huella, porque nuestro patrimonio también tiene patas.
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